Capítulo 44
Seguí mirando al frente, tomé un sorbo sin verlo.

—Los gritos de toda la tarde no me dejaron dormir —dije—, supongo que el insomnio es contagioso en esta casa.

Volví a beber despacio, dejando que el licor me quemara la lengua.

—¿Desde cuándo tomas? —preguntó—, si a ti no te gusta el alcohol.

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