—¡No, Cata! ¡Por favor, escúchame! —suplicó Martín, pálido de terror—. ¡Déjame explicarte lo que pasó!
—¡¿Explicarme qué?! —exploté, y mi grito retumbó por todo el sótano—. ¡¿El infierno que le hiciste vivir a mi hermana?! ¡¿O la mentira con la que engañaron a mis padres para robarles todo?!
—¡Usted