—A los años, familia Robles —sentencié.
—Pensé que tú... que estabas muerta —balbuceó Martín.
Sonreí y me acerqué despacio. Martín se agitó en la silla, tirando de las ataduras hasta que sus muñecas volvieron a sangrar.
—Lamento no haberles dado el gusto de asistir a mi funeral —dije con calma—. Sé