Todos nos volvimos hacia las escaleras y el silencio ocupó el sótano cuando Tadeo apareció; avanzó hasta detenerse junto a Claudio y a mí, sin apartar la mirada de Martín, y su presencia borró la seguridad del rostro del prisionero, reemplazándola por una confusión inmediata.
—Qué gusto volver a ver