Capítulo 269
Don Evaristo ni se movió. Seguía sentado, con una calma que solo lograba encender más la furia de Tadeo.

—¿Y por qué tendría que hacerlo?

—¡Porque usted va a arreglar el desastre que provocó! —rugió Tadeo, inclinándose sobre la mesa.

—Yo no destruí nada, solo cumplí lo que esa mujer me pidió —respo
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