Fruncí el ceño y los miré de reojo con desconfianza. La forma en que ambos intentaban ocultar sus sonrisas solo consiguió aumentar mis sospechas.
—¿Qué clase de sorpresa? —pregunté, cruzándome de brazos.
Tadeo estrechó un poco más a Mel contra su pecho y soltó la noticia sin previo aviso.
—Nos ir