—Mel, hay pruebas y puedo ayudarte, así que vamos a la policía porque te juro que voy a sacarte de esto —suplicó—.
—No, Tadeo. Escúchame. Necesito a Cata —insistió con desesperación—. Aunque me odie. Aunque siga resentida conmigo. Catalina jamás permitiría que destruyeran lo que nuestros padres cons