—¡Tú no entiendes! —casi gritó, con la voz quebrada—. Si no estoy en casa, él va a buscarme. Y cuando me encuentre… Tadeo, por favor, me van a castigar muy fuerte. Me va a encerrar. ¡No puedo quedarme aquí, tengo que volver ya!
Tadeo sintió que la rabia que llevaba acumulando estaba a punto de estal