Martín la miró como siempre, con desdén, y se notaba que ya tenía la decisión tomada. No le bastaba con tenerla débil, ahora también quería dejarla incomunicada, que no le quedara nadie afuera a quien pedirle ayuda.
—A partir de ahora, Rebeca se va a hacer cargo de tus llamadas —soltó, seco—. Ya bas