Claudio se endurece aún más, le suelta el brazo de un tirón y da un paso atrás, la mira con una mezcla de rabia y amargura
—¿Qué demonios te pasa…? —escupe—. ¿Cómo se te ocurre decir algo así?
—Soy Catalina —repitió ella, esta vez un poco más fuerte—. Soy yo, Claudio… no te estoy mintiendo … soy yo.