Acercó la cara, buscando su boca pero ella giró la cabeza y el beso se perdió en el aire. Él se quedó congelado a pocos centímetros, respirándole encima.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, la voz ronca pero firme.
Martín tragó saliva, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, aunque enseguida le salie