Elizabeth se separó de la duquesa y la miró a los ojos, sentía un nudo en su garganta y sus ojos amenazaban con convertirse en unas inmensas cataratas.
“¡No puedo llorar!” —era lo que pensaba al imaginar el último abrazo que se darían ese día.
Se gira mirándose nuevamente en el espejo, lo que ve reflejado frente a ella es algo que nunca imaginó. Un inmenso vestido blanco era algo impensable.
“¿Podré ser feliz?” —sonrió al imaginar el rostro serio y de chico malo de Esteban. —”Ya no es important