Aquella pequeña niña frente a Elizabeth aún parecía que suplicaba con la mirada.
—No es tu culpa, fue mía al no ver lo que hacía. Quiero que dejes de mirarme de esa forma ¿Entiendes? —dijo con calma, ya no soportaría otro espectáculo como el anterior, la chica solo asintió mientras limpiaba sus lágrimas —bien, ahora volverás a estar conmigo.
—Gracias señorita —hizo una reverencia y dio dos pasos hacia atrás.
—Debemos esperar —dijo la duquesa entrando al salón, miró a Teresa —veo que ya llegó, e