Estamos empapados. Esta vez no es solo él el que está empapado y hace mucho frío.
"Vamos", dice él en voz baja. Agarrando mi muñeca, nos echamos a correr y regresamos a donde dejé mi coche.
"¡Vamos a quedar empapados!", le digo a Sebastián.
La peluca que llevo ya está empapada y mi cabello natural también. Mis pantalones, mi camisa, todo está empapado y no tengo muchas ganas de subirme al coche así.
¡Diosa!
"No se puede hacer mucho", responde en voz baja. El resto del recorrido de diez minu