“Bueno, ese no es mi trabajo, pero este sí. Nos pondremos en contacto con usted si necesitamos preguntarle algo más. Deje su dirección, por favor”, dice el oficial.
Zade toma el papel y sé a ciencia cierta que no dejará la dirección correcta, y tampoco quiero que lo haga. No me agrada este oficial en absoluto. Hay algo extraño en él.
Se supone que debería estar interrogando a alguien que podría haber muerto, pero en cambio no le importa y actúa casi aburrido.
Suena mi teléfono y lo miro.
Es