“Suena como un plan. Solo intenta escuchar cuando te explico algo”.
Me burlo. “¿Qué dijiste? ¡Disculpa!”.
“Me temo que no puedo porque no he terminado contigo”, susurra él, levantándome de repente y empujándome contra la pared detrás de mí.
Jadeo, sintiendo que mi núcleo se calienta, palpitando con deseo.
“Mierda, Zade…”. Respiro, tocando su cuello.
“Todo a su tiempo, parejita…”, murmura.
Nuestros ojos se encuentran y mi corazón se acelera. Nunca me había sentido así, nunca me había sentid