Permanecemos así durante varios minutos antes de que él extienda su mano hacia detrás de mí y apague el agua helada.
Él se aparta, soltándose de mi agarre de su sudadera, prueba clara de que me estaba permitiendo sujetarlo así, y agarra una toalla.
Mi corazón late fuerte mientras sus ojos recorren mi cuerpo, haciendo que se me ponga la piel de gallina y no es por el agua...
Me envuelve con la toalla, su mirada se dirige a mi pecho una última vez antes de meter un extremo de la toalla, sus ded