Siempre he odiado a este hombre hasta la médula. Puede que sea su padre, pero es tan arrogante como papá y siempre me menosprecia.
"¡Mi hija está en esa cama por tu culpa!", grita mientras cruza la habitación: "¿Qué quieres que haga, extender una alfombra de bienvenida?".
"¿Por mi culpa?", pregunto fríamente, mirándolo. ¿Cómo puede culparme sin ningún motivo?
"¡Quién carajo más!", gruñe, empujando algo contra mi pecho.
Lo miro fijamente y agarro la carta, pero antes de siquiera mirarla mi es