El tic-tac del viejo reloj de pared resonaba en el silencio pesado del apartamento. Cada segundo que pasaba, Leonardo sentía un vacío más profundo en el pecho, una angustia que se aferraba a él como una garrapata, chupando su energía y su habitual arrogancia. El bullicio del Velvet Club, las luces estroboscópicas y las risas superficiales de sus amigos se habían desvanecido, dejando solo el crudo recuerdo de la humillación. Rodolfo. Su sonrisa. Las palabras que habían rasgado la capa de su fals