El bullicio del "Velvet Club" envolvía a Leonardo como una manta ruidosa y familiar. Los destellos de las luces de neón danzaban sobre las copas llenas de whisky, y el ritmo palpitante de la música electrónica se filtraba en cada rincón del local, vibrando en el aire y en los huesos. Era su refugio habitual cuando la presión del mundo real, o en su caso, del mundo laboral impuesto y de su extraña situación matrimonial, se volvía demasiado asfixiante.
En ese momento, una figura alta y familiar s