“¡Llévenselos!”.
Después de preparar otra taza de té negro, Harvey agitó la mano con calma, sin molestarse en mostrarle a la cuarta princesa ni una pizca de respeto.
“¡Harvey York!”.
La cuarta princesa apretó los dientes; quería atacar, pero se contuvo con todas sus fuerzas.
Quería tirarle el té a Harvey, pero no tuvo más remedio que contener su ira. Sabía que las consecuencias de hacer algo así serían graves.
Después de mirar fríamente a Harvey durante unos minutos, la cuarta princesa sali