Harvey movió el arma y la puso justo en la cabeza de Tyrell, todavía tan tranquilo como siempre.
Ese simple movimiento fue suficiente para asustar a Tyrell. Era como si pudiera oler su muerte acercándose poco a poco.
Harvey ya le había quitado el seguro. Ya sea que Harvey apretara el gatillo o que el arma se disparara sola, cualquiera de los dos podría costarle la vida a Tyrell.
“E-espera”, gritó Tyrell instintivamente.
Cuando habló, su rostro palideció.
A pesar de que actuaba con arroganci