Originalmente, podían disponer arbitrariamente de un camarero para hacer un asunto tan trivial como este.
Sin embargo, ¡Keith Yates decidió que quería mantener ese privilegio!
Le serviría una taza de té al mismísimo Jefe Instructor para dejar una buena primera impresión.
Keith se había estado preparando durante mucho tiempo para ese momento.
Desde el número de pasos, la frecuencia de las pisadas, el ángulo de inclinación del cuerpo, hasta la expresión facial, todos esos detalles, pues había