Narrador
Con pasos torpes, y arrastrando todo a su paso, Abril y Dante ingresaban a la estancia de la habitación de un lujoso hotel en el centro de la ciudad, después de una noche maravillosa, en donde charlaron por horas, y terminaron de aclarar un par de asuntos que quedaban pendientes, mientras se deshacían de la ropa que empezaba a estorbar.
Se hallaban tan absortos en su mundo, que no importaba nada más que sentir la piel uno del otro; que tirando del saco de Dante, Abril deslizó su mano s