Después de regresar, salí a buscar inspiración para mis cuadros, abrí exposiciones y me reuní con mis compañeros de estudio para discutir sobre las obras de arte, como de costumbre.
Pero detrás de mí siempre había alguien que me seguía a una distancia prudencial.
No me molestaba activamente, pero tampoco se alejaba y con el tiempo, me comenzó a irritar.
Mateo fue a verme.
—Parece que tienes un problema. ¿Necesitas ayuda?
El primer día que Francisco vio a Mateo, se acercó rápidamente con los ojos