Había pasado un sábado muy ansioso a la espera de ir a visitar a su hermano, su estómago dolía de tantos dulces que había comido y su labio estaba herido por morderlo, pero era la única salida si no quería ir a cagarse sobre el mundo y hacer locuras, se abstuvo de escribir en el diario esa noche, lo que agravó todo, camino y dio vueltas alrededor de su dormitorio con su teléfono en la mano, las ganas de mandar un mensaje o de llamarlo lo embargaban, pero no había tenido ninguna respuesta a su o