CAPÍTULO 40
HUIDA HACIA NINGUNA PARTE
Los alemanes les perseguían y loa aliados les protegían, como si una mano poderosa y decidida tomase las riendas de sus vidas, controlando sus designios a modo de oráculo de los dioses. Entre los que esperaban en Lisboa a Wallis en particular, un espía de la KGB es quién aportaría la seguridad que precisaban ambos a la hora de marchar a uno u otro lugar donde se encontrasen fuera de las maquinaciones de ambos bandos. Kim Philby agente de la KGB, tenía órden