Amira regresó a la casa principal de la manada cuando el sol comenzaba a caer sobre el bosque. Su expresión permanecía tan serena como de costumbre, aunque por dentro cada una de las piezas que había movido durante el día ocupaba ya el lugar que esperaba. La conversación con Max había resultado mejor de lo previsto. El Alfa del Sur era un lobo desconfiado, pero también ambicioso, y esa ambición era suficiente para hacerlo caminar exactamente hacia donde ella quería. Ahora solo faltaba preparar