Alan caminaba por las calles de la manada Norte con las manos hundidas en los bolsillos. Había pasado los últimos días recorriendo el lugar sin llamar demasiado la atención, buscando la manera de volver a encontrar a Rosselyn. Desde aquel encuentro en el restaurante no había logrado verla de nuevo y cada hora que pasaba aumentaba la presión sobre sus hombros. Sabía que no podía regresar a la manada Sur. Max no aceptaría más excusas y, si volvía con las manos vacías, tendría problemas, no solo é