Escuchar esa proposición y verlo mirándome, esperanzado ante mi respuesta que en el fondo era lo que deseaba para sentirlo solo mío y que nadie me lo quitara, porque jamás permitiré alejarnos. Sin duda soy una prejuiciosa y solo lo había sido con él.
—¿No vas a darme una respuesta, Brisa?
—Sí.
—Sí ¿qué?
Mis lágrimas surgieron que en todo el día no he podido detenerlas por el sentimiento de la carta de Deacon.
—Si debemos hablar, si te daré una respuesta y si quiero casarme contigo. —Me lancé a