El silencio reinaba en el velorio, nadie dijo nada, pero Fernanda y las otras damas se acercaron a Blanca.
—Definitivamente, fuiste la perdición de mi sobrino.
—Yo sé tantas cosas de ustedes, y jamás se las dije a Deacon. Porque no quería dañarle la imagen que él tenía. Por eso les pido, por la memoria de mi marido, absténganse de hablarme o se larga.
—Deacon es un Katsaros, las tradiciones de nuestra familia las mantendrá.
—Eso lo sabremos en el testamento. —volvió a intervenir Zabat. Dorsia