Cargué el cuerpo de Blanca, supongo que toda la tensión le pasó una vez más factura.
—¡Señora Cristal! —llegó ante mi llamado.
—¡Blanca! —La angustia era evidente, es su única hija.
—Me estaba despidiendo y se desmayó. ¿Dónde queda su habitación?
—Yo te indico, hijo. —Don Humberto estaba al final de las escaleras.
—Ve, buscaré alcohol. Dios, esto apenas es el comienzo. Mañana…
La mamá de Blanca se puso a llorar mientras se retiraba. Subí las escaleras con ella en brazos, seguí a su papá. La hab