Llegamos al punto de encuentro y como cosa rara ya había llegado los Abdala L’Charme.
—¿Este hombre siempre duerme en el sitio para ser el primero? —solté la carcajada ante el comentario de mi marido—. Yo me consideraba un hombre puntual, pero él me ganó.
—Cariño, cuando te sientas cansado me dices, de todas maneras, en tres horas yo conduzco.
—Torbellino…
—Mira Deacon, morirás de cáncer, no de un accidente. En los últimos días, pierdes las piernas con más regularidad. Cielo… —Vi su frustració