Era el momento, David enfocó la mirada en otro punto para evitar la mía. Llegué hasta el final de su cama.
—¿Qué quieres decirme?
—Primero, no es molestia el venir a cuidarte. Lo hago con el mayor de los gustos, eres mi amigo.
—Blanca… —esta vez sí cruzamos mirada—. Al grano.
Sentí las mejillas de mi rostro caliente. ¿Por qué conmigo era tan seco? Su mirada fría con su ceja alzada esperando a que hable. Si ya de entrada me estaba cortando de esa manera tan déspota…
—Nada.
Di media vuelta y salí