12. Solucionarlo
Mientras recorría el pasillo del hotel, mis pasos resonaban fuertemente en las paredes, reflejando mi ira desbordada. A través de las ventanas, la luz de la luna se colaba directamente en mis ojos; sin embargo, no había manera de disipar la sombra que invadía mi interior. Tenía la sensación de que Alexander me seguía de cerca, como una presencia constante a la que no lograba evadir.
—¡Dorothea! —su voz resonó, firme, mientras me acercaba al jardín del hotel, una especie de refugio en medio del