Mientras me acomodaba en la tumbona, disfrutaba de la suave caricia del viento marino en mi rostro, contemplando el vasto mar azul que se perdía en el horizonte. La serenidad del entorno, el cálido sol y la sensación de total desconexión me brindaban una gran tranquilidad. Hacía una semana que habíamos llegamos a nuestra luna de miel, la cual disfrutaríamos durante un mes. Aquella preciosa isla tropical se había transformado en nuestro refugio privado.
¿Cómo definiría nuestra luna de miel?
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