40| El plan de amadeus.
Helene no sabía qué tanto necesitaba descansar hasta que se recostó en el fuerte pecho de Itsac y se quedó dormida.
Fue una siesta agradable, corta pero reparadora, y cuando abrió los ojos una hora después, los ojos de Itsac estaban clavados en ella.
— ¿Me ves mientras duermo? Eso es escalofriante — murmuró, mientras se estiraba. El cuerpo desnudo del piloto a su lado se sentía tan cálido y apetecible que lo abrazó y subió su pierna a las caderas del hombre.
— Me desperté hace un par de minu