19| Los hombres son malos.
Helene enredó los dedos en la cabellera rubia del piloto cuando sintió que los labios húmedos y cálidos se posaron sobre los suyos.
Las manos grandes de él apretaron sus caderas y la atrajeron al cuerpo del hombre que suspiró su aroma.
Helene abrió un poco la boca para darle entrada, e Itsac aprovechó la abertura para explorar la boca de la mujer lentamente, muy lenta y tortuosa mente. Su boca sabía a licor, el licor que le había dado la valentía o la locura de besarla, pero Helene no pensó