108| La Consulta.
Cuando Itsac escuchó que las puertas del relevador se abrieron, apretó los puños y luego respiró profundo. Estiró la mano y tanteó el aire, luego dio un paso al frente. El ardor en la cabeza era leve, pero constante, lo sentía ahí palpitando como otro corazón dentro de su cerebro. Ciertamente no era oscuridad lo que veía, quedarse ciego no era como cerrar los ojos y ver oscuro, era no ver nada, nada, y era algo que para él era casi imposible explicar.
Dio un paso fuera del elevador y luego otro