Alejandro y yo nos fuimos de su despacho, pero en vez de ir al restaurante, cogió la carretera que llevaba al aeropuerto, quedándome extrañada.
—-- ¿A dónde vas?¿no íbamos a comer? —- pregunte.
—- Vamos a por nuestra hija y cuando lleguemos comeremos, son nada más que veinte minutos de vuelo —- me dijo
—- Alejandro, estás loco ¿lo sabías? —- le pregunté riendo.
—-- Si lo sé, pero por ti y por mi hija —- me respondió.
En el aeropuerto, dejó el coche en el parking que había para los particulares,