Luego de ello, aseguramos a cada niña al asiento, por primera vez veo que Ana se sienta en el asiento del copiloto y eso me hace hablar...
- Tu normalmente viajas atrás. – digo recordando que ella siempre se sentaba ahí para cuidar a las niñas de cualquier accidente, incluyendo helados derretidos.
- Bueno, pues hoy quise subirme a tu lado. - dijo Ana, y aquellas palabras llenaron mi corazón.
- ¡Mamita! ¡Papito! ¿Nos van a hacer nuestra tarde de playa? – preguntó Paz con suma inocencia.
Sé que am