En una posada cerca de la frontera, Diego colgó una llamada. Se sentía aliviado tras saber que Sofía había rescatado a Bruno y Rodrigo. Ahora era su momento de brillar. Era la primera vez que Sofía le pedía ayuda tras su regreso del extranjero y estaba decidido a no defraudarla.
Miró la pistola desarmada que había sobre la mesa y la agarró. En cuestión de segundos, la pistola estaba montada. Si Sofía estuviera cerca, se sorprendería de su destreza. La guardó cuando oyó que llamaban a la puerta.