Bruno y Rodrigo eran conscientes de la astucia del rubio, pero no se opusieron a la cantidad del rescate.
—El dinero no es un problema. Pero ¿cómo puedes garantizar que nos dejarás ir después de conseguir el dinero? —preguntó Rodrigo. A sus ojos, los secuestradores no tenían ninguna credibilidad.
—Señor Guzmán, confíe en nosotros —prometió el rubio con displicencia. No le preocupaba si Bruno y Rodrigo estaban convencidos o no, ya que sabía muy bien que no tenían otra opción. Sus rehenes no podía