Las preocupaciones de Bruno no eran infundadas. Rodrigo frunció el ceño al oír sus palabras.
—Creo que hay una mínima posibilidad de que eso ocurra, así que no podemos descartarlo. ¿Por qué no les preguntamos ahora mismo?
Entonces, dio una patada a la mesa que tenía al lado y ésta se volcó.
El gran estruendo atrajo la atención de los que montaban guardia fuera. Alguien entró en la habitación: era el hombre rubio, el mismo que había atacado a Sofía.
—¡Vaya! ¿Qué quieren, caballeros? No os compo