Juliana estaba incrédula de que alguien se atreviera a hablarle así.
Miró fijamente a Julio y Sofía, dándose cuenta de que ninguno de los dos la respetaba como hija de la familia López.
La hizo sentir como una broma.
—¡Está bien! Me acordaré de ti— se quejó Juliana, tratando de contenerse.
No conocía la identidad de Julio, así que no se atrevió a ponerle un dedo encima.
Sin embargo, no le dejaría escapar tan fácilmente.
Si fuera una persona corriente, Juliana ya habría pensado en cien mane