La distancia entre sus labios comenzó a cerrarse.
De repente, sonó el teléfono de Sofía, sacándoles de su trance.
Sofía fingió una tos para ocultar su vergüenza y contestó a la llamada.
—¿Diga? Sí, estoy lista—dijo a la persona que llamaba.
Cuando Sofía colgó y se volvió hacia Julio, lo encontró mirándola con una sonrisa en la cara.
Todavía tenía las mejillas sonrojadas por la vergüenza y, apartando la mirada, dijo:
—Bueno, el chófer vendrá a recogerme pronto. Tengo que prepararme para ir