En secreto, también culpaba a Daniela. Si no fuera por su influencia, no habría vendido sus acciones y, si no fuera por su insistencia en iniciar un negocio, el dinero no habría desaparecido. No habrían tenido que mudarse a un lugar como ese.
Daniela pudo sentir la culpa en sus palabras, y al instante frunció el ceño.
—¿Qué? ¿Me estás echando la culpa?
—No— Sergio caminaba hacia el sofá y se sentaba. De repente se dio cuenta de que Daniela no era tan estupenda como había imaginado. Pero seguí