Sofía salió cansada del despacho del presidente. Tenía un montón de cosas pendientes, y ahora se sumaba una más a su lista.
—Sofía—Camila fue a su lado alegremente, con los ojos brillantes—¿Eras realmente tú en el avión?
—Desearía que no lo fuera—Deseó que alguien en el avión supiera volar. De ese modo, ella no habría tenido que tomar el mando y algo así no habría sucedido.
Camila se puso las manos en la cara.
—¡Eres una heroína! ¿Por qué estás tan triste?
—No soy una heroína. Solo me vi fo