—María, sé lo que estás pensando. ¡No te atrevas a pensar eso!
Sofía elevó su voz con severidad hacia su amiga:
—No veo esto como un problema, y tus padres comparten el mismo sentimiento. Hacemos esto voluntariamente por tu libertad. ¿Entendido?
María aferró su teléfono mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Comprendió que nadie pensara que ella era una carga, pero de todos modos se sentía culpable hacia ellos.
—María, deja de pensar demasiado y no actúes de forma diferente. Sigue tu