—Tú puedes ignorar a tus padres, pero yo no—dijo Sofía.
Felipe podía tratar a sus padres como quisiera, pero Sofía era lo suficientemente sensata como para no hacer lo mismo.
Como forastera, ella no compartía su privilegio. Él no se opuso ante su insistencia y le dijo:
—Claro, te recojo mañana.
—Genial.
Pronto, su avión aterrizó en el aeropuerto de DF.
Una vez que Felipe y Sofía salieron de la terminal, divisaron los coches que Felipe había dispuesto para recogerlos. Él le abrió la puerta